Introduccion.
El Pseudotumor Cerebri es una entidad caracterizada por aumento de
la presión intracraneana, sin evidencias clínicas, de
laboratorio, ni radiológicas que sugieran un proceso expansivo
intracraneal o hidrocefalia.
Inicialmente descrito en 1897 por Heinrick Quincke como Meningitis
serosa, ha recibido desde esa fecha diversas denominaciones como: hidrocéfalo
tóxico, papiledema de etiología indeterminada, edema cerebral
de causa desconocida, etc. que no hacen más que reflejar el desconocimiento
en torno de esta patología. En 1955 se lo denominó Hipertensión
Endocraneana Benigna, término que fue reemplazado 10 años
después por el de Hipertensión Endocraneana Idiopática
al hacerse evidente que muchos de estos pacientes no presentaban un
curso muy benigno, principalmente por el compromiso de la vía
óptica (12).
Con el desarrollo de técnicas diagnósticas, principalmente
en el campo de la neuro-radiología, se ha podido definir un subgrupo
de estos pacientes que presentan algún tipo de alteración
que explica el aumento de la presión intracraneana (6), de no
ser así se consideran idiopáticos o primarios.
Clasificación y Diagnóstico.
Para facilitar la aproximación diagnóstica y terapéutica,
es más conveniente considerar en su conjunto todas aquellas patologías
en que encontremos hipertensión endocraneana que no sea explicada,
como se remarca en la definición, por un proceso expansivo intracraneal
o por hidrocefalia. Así surge la siguiente clasificación
(8).
CLASIFICACION DEL SINDROME DE PSEUDOTUMOR
- Primario:
- De causa no conocida ((Pseudotumor cerebri idiopático).
- Causa precipitante conocida.
- Secundario:
- Por compromiso del flujo venoso craneal.
- Con líquido cefaloraquídeo anormal.
- Atípico:
- Oculto (sin papiledema).
- Con presión normal.
- Infantil.
Los criterios diagnósticos de Dandy, enumerados a continuación,
son aplicables principalmente para el grupo IA, es decir Pseudotumor
Cerebri Primario (11).
- Signos y síntomas de aumento de la presión intracraneana.
- Paciente consciente y alerta.
- Sin déficit neurológico focal, excepto paresia del
VI nervio.
- Neuroimágenes normales, excepto por ventrículos pequeños
y silla turca vacía.
- Aumento de la presión del LCR (mayor de 200-250 mm de agua),
pero de composición normal.
Podría agregarse a éstos un sexto criterio: angiografía
cerebral normal, basándonos en reportes que indican que las fístulas
arteriovenosas durales pueden manifestarse únicamente con signos
de hipertensión endorcraneana lo cual tiene importantes implicancias
en cuanto al manejo terapéutico (4).
En relación al grupo IA, algunos trabajos prospectivos controlados
han demostrado que la obesidad y el aumento de peso, un año previo
al diagnóstico, son los únicos factores asociados al pseudotumor
cerebri primario (6). En cambio la lista de factores implicados en el
grupo IB es extensa como puede apreciarse en la siguiente tabla (8).
- Medicamentos:
- Antibióticos: tetraciclinas, nitrofurantoína,
ácido nalidíxico, sulfametoxazol.
- Esteroides y anticonceptivos orales.
- Drogas psiquiátricas: litio, clorpromacina.
- Otras: amiodarona, fenitoína.
- Metabólico-nutricional:
- Fibrosis quística.
- Deficiencias enzimáticas: Galactosemia, déficit
de 11 beta-hidroxilasa.
- Vitamina A (tanto exceso como deficiencia).
- Endocrinas:
- Deficiencia de córticosteroides (enf. de Addison), hipoplasia
adrenal congénita).
- Exceso de corticosteroides (enf. de Cushing, terapéutico).
- Enfermedades tiroídeas (hipotiroidismo, hormonas de reemplazo).
- Alteraciones hipofisiarias (adenoma, acromegalia).
- Enfermedades de las paratiroides (hipoparatiroidismo idiopático,
pseudohipoparatiroidismo).
- Otros: síndrome de Turner.
- Hematológicos:
- Anemia (por déficit de hierro, megaloblástica).
- Policitemia vera.
- Hemoglobinuria paroxística nocturna.
- Traumatismo Encéfalo Craneano.
- Misceláneas:
- Infecciones (enfermedad de Lyme, fiebre reumática).
- Enfermedades del colágeno (lupus discoide).
Los factores implicados como causa de compromiso del flujo venoso craneal
(IIA) quedan resumidos en la siguiente tabla:
- Obstrucción del flujo venoso craneal:
- De senos venosos intracraneales:
- Enfermedades crónicas del oído.
- Traumatismo craneal.
- Tumores (primarios y metastásicos).
- Estados hipercoagulables.
- Craneoestenosis.
- Oclusión quirúrgica.
- De venas yugulares:
- Ligadura quirúrgica.
- Trombosis post canulación.
- Tumores
- Hipertensión del flujo venoso craneal:
- Malformaciones arteriovenosas intracraneales (durales e intracraneales)
- Insuficiencia cardíaca.
- Enf. respiratorias crónicas.
En el subgrupo IIB (con LCR anormal) se han reportado casos asociados
a meningitis crónica, S. de Guillain-Barré, poliomielitis,
brucelosis crónica, tumores del cordón espinal y otros
(8).
En el grupo III, se consideran los casos de pseudotumor atípico,
así se ha designado casos que reunen todos los criterios diagnósticos
ya citados pero sin papiledema, posiblemente explicados por variaciones
anatómicas de la vaina del nervio óptico que evitan que
la presión del LCR se transmita. También se describen
algunos casos con presión normal, esto puede ser debido a que
los aumentos de presión del LCR pueden ser intermitentes, una
segunda posibilidad es que las variaciones previamente referidas en
la anatomía de la vaina del nervio óptico produzcan un
aumento de la presión del LCR únicamente alrededor de
la vaina del nervio probablemente por un mecanismo valvular (8).
Epidemiología.
Las siguientes consideraciones serán referidas a hipertensión
endocraneana idiopática a menos que se especifique lo contrario:
Incidencia anual -en la población general 0.9 por 100.000 habitante-
en mujeres 1,6 por 100.000 habitantes, entre los 15 y 44 años
de edad 3,3 para no obesas y 7,9 por 100.000 para mujeres obesas (índice
de masa corporal > 26). Relación hombre - mujer 1:8.
Características clínica.
Síntomas: La cefalea es el síntoma de presentación
más frecuente, reportado aproximadamente por un 95% de los pacientes.
No tiene características patognomónicas, puede ser pulsátil
uni o bilateral, constante de tipo opresivo, puede despertar al paciente
durante la noche, o ser de mayor intensidad por la mañana. Ocasionalmente
se acompaña de dolor retro-ocular que aumenta con el movimiento
de los ojos, rigidez de cuello con dolor irradiado a hombros y brazos
(posiblemente por irritación radicular), náuseas y vómitos.
Pérdida transitoria de la visión, referida en un 70%
de los casos. Estos episodios pueden ser uni o bilaterales, repetirse
varias veces al día y de menos de un minuto de duración
con recuperación total. Pueden ser precipitados por maniobra
de Valsalva, al asumirse la posición de pié o al exponerse
a las luces brillantes. No tienen relación con la pérdida
del campo visual y serían producidos por isquemia transitoria
del nervio óptico.
Fotopsias en el 54% de los casos, no se refieren factores precipitantes
y tampoco tienen relación con la pérdida visual.
Ruidos intracraneales, descritos como tinnitus pulsátil, en
el 60% de los casos, pueden ser uni o bilaterales, o alternar de un
oído al otro. Se explican por la transmisión de las pulsaciones
vasculares, a través del LCR a alta presión, contra la
pared de los senos venosos transformando su flujo laminar en turbulento.
Esta observación está sustentada por el hecho de que son
sincrónicos con el pulso cardíaco y porque pueden ser
suprimidos transitoriamente por la compresión de la yugular interna
ipsilateral.
Diplopia en el 38% de los pacientes, puede ser transitoria y es provocada
por paresia del VI nervio craneal, falso signo localizatorio como manifestación
de aumento de la presión intracraneana (PIC).
Pérdida visual referida por el 26% de los pacientes al momento
de la primera consulta, estos valores son mucho mayores cuando se examina
el campo visual con técnicas de perimetría, 96% (13).
Signos: Por su relevancia se hará hincapié principalmente
en los hallazgos oftalmológicos. Cuando se examina el campo visual
del paciente por métodos de confrontación, aproximadamente
un 75% no tiene alteraciones y los restantes presentan pérdida
de la visión nasal, constricción del campo visual, escotomas
centrales y centrocecales como los más frecuentes. Si estos datos
los comparamos con el examen del campo visual por perimetría
de Goldman, encontramos que menos del 10% de los pacientes tienen un
examen normal; los tres defectos más frecuentemente hallados
son: aumento de la mancha ciega, 31%; constricción del campo
visual, 30% y cuadrantopsia nasal inferior, 15% (13). Podemos concluir
de estos datos que es esencial, en la consulta inicial del paciente,
obtener un detallado examen de su función visual, hecho que nos
permitirá optimizar el tratamiento. Hay que destacar que de los
métodos de laboratorio utilizados en oftalmología el más
sensible y el único que se correlaciona con pérdida visual
sostenida es la sensibilidad al contraste (3).
El grado de papiledema no tiene utilidad para predecir la función
visual en un paciente determinado.
El resto del examen neurológico, por definición debe
ser normal, excepto como ya señalamos paresia del VI nervio.
Fisiopatología.
Aunque el mecanismo final que produce el aumento de la presión
intracraneana en el síndrome de pseudotumor primario no se conoce
con certeza, los casos de pseudotumor secundario aportan datos que permiten
elaborar algunas teorías. Hay datos que implican a cada uno de
los tres compartimentos intracraneales como responsables, LCR - encéfalo
- volumen sanguíneo; así se ha propuesto que un aumento
en el volumen de LCR, ya sea por aumento de la producción o por
disminución de su absorción, estaría implicado,
esto estaría avalado por tres observaciones: primero que la extracción
de LCR alivia la sintomatología, segundo por la aparente dilución
de las proteínas del LCR que puede verse en 2/3 de los casos
(1, 3, 7) y tercero por las similitudes clínicas con la hidrocefalia
(podría ser considerado una forma especial de hidrocéfalo
comunicante donde la obstrucción ocurre en el flujo de salida?)
(8).
El edema cerebral es el otro mecanismo implicado, que en teoría
produciría una obstrucción del espacio subaracnoideo y
una disminución de la "compliance" del tejido, sin embargo casos
estudiados por autopsia y por RNM cerebral no han demostrado que estos
factores jueguen un rol importante (8, 11).
Por último, un aumento del volumen sanguíneo cerebral
también ha podido ser demostrado, pero parece ser más
una consecuencia que una causa. Se produciría por el compromiso
del flujo venoso secundario al aumento de la PIC (11).
Los mecanismos del compromiso de la visión son: el bloqueo del
flujo axoplásmico con el consecuente edema de papila, la extensión
del edema hacia la mácula, hemorragias y depósito de pigmentos
maculares, formación de membrana neovascular, desprendimiento
de retina, estasis de la vena central de la retina y neuropatía
isquémica (11).
Tratamiento.
Está subordinado al compromiso visual, de ahí que la
evaluación oftalmológica inicial y el seguimiento son
de mucha relevancia. Puede ser médico o quirúrgico.
Tratamiento médico:
- Corrección de los factores predisponentes o precipitantes,
como reducción de peso y suspender o corregir factores asociado
(ver tabla).
- Punciones lumbares seriadas, que ocasionalmente pueden llevar a
la resolución del caso.
- Acetazolamida: disminuye la producción de LCR aproximadamente
30 minutos después de la administración endovenosa.
Las dosis efectivas varían entre 1 a 2 gr/día, vía
oral.
- Corticoides: puede utilizarse Prednisona a dosis de 40 a 60 mg/día.
La disminución de los síntomas ocurre aproximadamente
en 14 días, manteniéndose luego por 2 semanas más
con descenso gradual.
Tratamiento quirúrgico:
Las indicaciones para el tratamiento quirúrgico son: a) pérdida
de visión inicialmente o a pesar del tratamiento médico.
b) cefalea intratable. c) pacientes en los cuales no puede realizarse
estudio de campo visual, ya sea por la edad u otros factores.
Las posibilidades quirúrgicas son básicamente dos: la
descompresión de la vaina del nervio óptico y el shunt
lumboperitoneal. Ambos métodos tienen sus defensores y detractores
pero no se han realizado trabajos prospectivos randomizados comparando
ambos métodos (5, 9). Siendo prácticos, el único
que se realiza en Chile es la derivación lumboperitoneal, que
ha mostrado ser efectiva en la mayoría de los casos y con pocas
complicaciones. En un reciente trabajo, donde se evaluó este
tratamiento durante un período de seguimiento de 47 meses en
promedio, 56% de los pacientes requirieron al menos una revisión.
La causa más frecuente de ésta fue el mal funcionamiento
del dispositivo, siendo responsable del 65% de las revisiones. La hipotensión
intracraneal secundaria al excesivo drenaje de LCR fue la segunda complicación
más común (15% de los casos), seguidas por radiculopatía
lumbar (4,5%) e infección del shunt en el 1%. Otras complicaciones
reportadas son herniación tonsilar, siringomielia y hematoma
subdural (5).
Con respecto a la descompresión de la vaina del nervio óptico,
en aproximadamente 32% de los casos hay falla del tratamiento a los
2 años, y si bien puede intentarse la reoperación, las
complicaciones quirúrgicas son mayores (hematoma orbital, trombosis
de la arteria central de la retina, déficit de adducción).
Además este tratamiento no corrige en forma definitiva el aumento
de la PIC, en este aspecto puede ser comparable a la punción
lumbar. Sin embargo, se han reportado casos en que la cefalea cede luego
del procedimiento. Esto puede sugerir que una compresión local,
a nivel de la órbita, de la primera división del nervio
trigémino, puede ser también responsable de la cefalea
en estos pacientes (9).
Una breve observación con respecto a la necesidad de realizar
angiografía cerebral, como ya se había señalado,
se sustenta en el reconocimiento de que aproximadamente un 20% de los
pacientes con fístulas arteriovenosas durales se presentan con
un cuadro de hipertensión intracraneana, indistinguible del pseudotumor
primario y en los cuales, el tratamiento con un shunt lumboperitoneal,
puede ser deletéreo al provocar herniación cerebral, como
se ha descrito en algunas series (4).
Como conclusión podemos decir que aún no está
definido cual es el tratamiento quirúrgico más adecuado
en cada caso. Además, hay evidencias de que este cuadro puede
seguir un curso autolimitado, lo que dificulta la interpretación
de los distintos tratamientos, pero una mejor comprensión de
la fisiopatología de este síndrome, permitirá optimizarlo
y brindar la mejor opción para el paciente y por último,
la angiografía cerebral debe ser una herramienta diagnóstica
que debemos tener en cuenta principalmente en aquellos casos de presentación
poco habitual (hombres, no obesos, sin factores precipitantes).
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